¿Y si Francia acaba con dos partidos de extrema derecha… liderados por dos Le Pen?

La indignación con la política está de moda. El partido de Pablo Iglesias, Podemos, recoge a los ciudadanos indignados con los actores y las gestiones de la política tradicional; el de Albert Rivera, Ciudadanos, lo hace con los indignados de la derecha española… y Jean-Marie Le Pen, expresidente del Frente Nacional francés, lo hará con los indignados de la línea que sigue su hija, Marine Le Pen, la actual dirigente de la formación de extrema derecha.

Marine y Jean-Marie Le Pen en un miitin del Frente Nacional del 1 de mayo de 2012 | Fuente: Blandine le Cain

Marine y Jean-Marie Le Pen en un miitin del Frente Nacional del 1 de mayo de 2012 | Fuente: Blandine le Cain (CC)

Pero después de los recientes rifirrafes que han tenido padre e hija, Le Pen padre, suspendido del partido la semana pasada, anunció que, junto a un montón de amigos, lanzará su propio movimiento político. Según explicó en Radio Courtoisie, no se tratará de un partido que le haga la competencia el FN de su hija, pero sí un medio de recoger a todos los seguidores indignados con la línea que ha seguido Marine Le Pen con el objetivo de restablecer la histórica doctrina del partido; una formación que, según Le Pen padre, servirá como «parachoques en caso de desastre, una manera de ejercer presión para volver a la línea política que se ha seguido durante décadas». O sea, un partido para recuperar su ideario.

Le Pen hija se ha encargado, durante los últimos años, de intentar reducir la «demonización» de su partido para poder ganar apoyos populares. Desde que se convirtió en dirigente del Frente Nacional, ha intentado hacer un lavado de cara y eliminar elementos, en ocasiones, relacionados más con el vandalismo que con la política, pero sin olvidar la férrea linea nacionalista contraria a la inmigración y a lo que, como otros partidos de Europa, definen como la islamización del continente.

Tras los comentarios de Jean-Marie Le Pen sobre el Holocausto (otra vez) y la discusión con la presidenta de la formación, Le Pen, que considera que es necesario restablecer la «verdadera democracia» en el movimiento que lideró hasta que su hija recogió el testigo, podría volver a convertirse en líder de la extrema derecha más radical de Francia, aunque en materia política asegure que no quiere competir con el partido. De ser así, Francia podría acabar con una extrema derecha más extrema, liderada por Jean-Marie Le Pen, que no concurre a las elecciones pero que ejerce presión para modificar las políticas de los partidos que más se acerquen a su línea, y con una extrema derecha ciertamente más «moderada», dirigida por Le Pen hija, que seguirá adelante con su política antiinmigración pero intentando desviarse de la visión más gamberra de la extrema derecha. Como si a Francia le hiciera falta tener dos extremas derechas.

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