Segregación post Apartheid en las escuelas privadas de Pretoria

Escuelas para negros. Escuelas para blancos. Así funcionaba Sudáfrica hasta 1992. Durante casi 50 años, el país estuvo dividido en dos, la Sudáfrica negra y la Sudáfrica blanca, la primera sometida a la segunda. El fin del Apartheid fue aplaudido en todo el mundo, pero la segregación de entonces parece no haber desaparecido del todo.

La Fundación Ahmed Kathrada pubicaba este mismo viernes un comunicado denunciando casos de segregación racial en una escuela privada de Pretoria, un «preocupante indicador» de la persistencia del racismo en la Sudáfrica post Apartheid. «Se supone que las escuelas son laboratorios donde se construye la nación, no enclaves del trasnochado pensamiento del Apartheid», según ha dicho el director de la fundación, Neeshan Balton.«La justificación de la necesidad de permitir a los estudiantes mantener sus culturas es exactamente el tipo de argumentos que se exponían para justificar el Apartheid, y eso no tiene base, ni científica ni educativa», añade.

En medio de esta situación, Balton ha agradecido, sin embargo, a las familias de los estudiantes que se han negado a aceptar los argumentos de «separados pero iguales» que expone la gestión de esta escuela. Fue el diario digital Eyewitness News quien dio la voz de alarma el jueves, informando de las acusaciones contra el colegio privado Curro Roodeplaat, por asignar las clases a sus alumnos en base a su origen racial.

Al menos 30 padres presentaron en la escuela una petición firmada exigiendo una explicación, aunque lo que se encontraron fue que el director regional, André Pollard, negó obviamente que la escuela segregara racialmente a sus alumnos. «No es porque queramos segregar a los blancos, es una cuestión de amistad. Los niños tienen la capacidad de hacer amigos con otros niños de su propia cultura».

El doctor Chris van der Merwe, director de Curro Holdings, respondió ante periodistas de News24 diciendo que se trataba de una impresión equivocada de la gente sobre la existencia de clases separadas de blancos y negros. «Un día, cuando se abrió el colegio, el director se sentó con seis niños blancos del grado R —la educación preescolar, de 4 a 5 años—, y les puso en una clase donde había 12 niños negros, así que esa clase estaba perfectamente integrada. Aumentaron las inscripciones un año después de abrir, y otros seis niños blancos se inscribieron. El director los ubicó en diferentes clases para hacer un reparto igualitario», explicaba Van der Merwe.

Según el CEO de la empresa, se integra a los 702 alumnos con los que cuentan en este colegio —cuentan con un total de 36.000 en sus 42 colegios, de los cuales el 63% de los niños son negros— «de manera que se fomente un ambiente de aprendizaje seguro en el que los alumnos puedan florecer. Este principio se aplica de forma igual en todas las escuelas Curro».

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