Noruega abre las puertas a la extrema derecha tras la derrota de los laboristas

Este lunes, 9 de septiembre, Noruega se ha enfrentado a sus primeras elecciones legislativas desde que el verano de 2011, Anders Breivik hiciera pública su falta de cordura atacando a un campamento de la Liga Laborista Juvenil en la isla de Utøya —situada en el fiordo de Tyri— en lo que luego se conoció como Masacre de Utøya y en la que murieron 77 personas y más de un centenar resultaron heridas. Un atentado como nunca se había visto en un país habitualmente tranquilo, perpetrado por un exmiembro de las filas del Partido del Progreso (Fremskrittspartiet), el partido de la derecha más extrema del país nórdico, no ha sido suficiente para cerrarle las puertas al ala más radical de la política.

A pesar de que el Partido Laborista sigue siendo la primera fuerza política, con un 30,8% de los votos, la coalición de centro-derecha, dirigida por la conservadora Erna Solberg, ha obtenido once puntos más de los necesarios para alcanzar la mayoría.  El Partido Conservador, segunda fuerza política, se mantiene en segundo puesto con un 26,9% de los votos y será quien decida la formación de Gobierno, que a partir de hoy, deberá negociar con sus aliados.

noruega

El Partido del Progreso, el partido de extrema derecha más potente de toda Escandinavia, tendrá la posibilidad de entrar a formar parte del Gobierno noruego por vez primera en la historia, a pesar de haber cosechado peor resultado que en los anteriores comicios al bajar al 16,3%, más de seis puntos menos que en 2009, cuando obtuvo un 22,9% de apoyo popular.

Solberg tendrá que negociar la próxima formación de Gobierno, no sólo con sus aliados de siempre, los del Partido Liberal y el Partido Demócrata Cristiano, sino también con el propio Partido del Progreso, con un programa que incluye, entre otras cuestiones, políticas de cierre de fronteras a los inmigrantes. No obstante, Noruega tiene experiencia en mantener una constante de gobiernos en minoría que han tenido relativo éxito, por lo que no se puede descartar.

Por su parte, el actual primer ministro, Jens Stoltenberg, ha asegurado que dimitirá el próximo 14 de octubre, ante los malos resultados obtenidos. Según los analistas electorales, el líder laborista podría haber perdido los comicios debido, principalmente, a la crítica popular sobre su forma de gobernar económicamente el país. A pesar de que Noruega es uno de los países del continente europeo que menos se ha visto afectado por la situación de crisis capitalista a nivel global, Stoltenberg ha sido acusado de no saber aprovecharse de la situación, haber provocado el ralentizamiento del crecimiento económico del país y de no saber gastar los ingresos petroleros.

Solberg ha conseguido llevar a Noruega a un próximo Gobierno conservador gracias a su compromiso con la reducción de impuestos, aunque si finalmente negocia con el Partido del Progreso, deberá hacer algunas concesiones, por lo que se podía dejar la puerta del Gobierno abierta a un paquete de medidas con objetivos xenófobos.

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